martes, 4 de enero de 2011

REFLEXIÓN I

ESTUDIAR MÚSICA: UN COMPROMISO DE AMOR
Por: Gloria Bayolo                                                                                   

Como cualquier habilidad que vale la pena aprender, tocar un instrumento requiere de gran trabajo y constancia. Si usted como padre está dispuesto a hacer el esfuerzo de invertir recursos y tiempo para apoyar a su hijo en esa actividad, también deberá tener presente que hay otro  esfuerzo extra que está en la obligación de  hacer, me refiero a inculcar en su hijo sentido de la responsabilidad, conciencia de todo lo que puede alcanzar con un mínimo de dedicación, si usted logra eso, su hijo será recompensado con una habilidad y conocimiento de la cual nunca se va a arrepentir y el hábito de trabajar por lo que se quiere estará siendo fomentado.
No es posible dominar ningún instrumento si no se estudia todos los días, ojalá una hora,  pero si logramos que nuestros niños dediquen al menos 20 minutos a esa tarea, los resultados serían asombrosos. Mi experiencia como profesora de piano todos estos años me da la seguridad para afirmar que  es casi una fantasía pensar que nuestros hijos van a llegar a la casa y que voluntariamente se sentarán a estudiar su instrumento, así que nos toca a nosotros crearles el hábito, tal vez negociando, nunca obligándolos, pero sí haciéndoles sentir que estamos  muy orgullosos de sus logros, que nos hacen felices cuando tocan, que estudiar su instrumento es una forma divertida de descansar; les advierto que tendrán que insistir y no darse por vencidos pero valdrá la pena.
Los profesores, los padres de familia y finalmente los propios niños invierten mucho en este proceso pero si todo ese esfuerzo no se acompaña de estudio individual y el único acercamiento al instrumento es el día de la clase entonces los resultados serán escasos,  en algunos casos nulos y habrán perdido el tiempo.
Ahora hagan una pequeña abstracción e imaginen ese lapso de tiempo en la vida de sus hijos: tan solo 20 minutos diarios;  luego imagínenlos el día del concierto tocando con buena posición, con sonido firme, cálido y expresivo: ¿habrá  valido la pena insistir?...yo creo que sí, estoy segura que sí.
Antes que nuestros niños, somos los adultos quienes debemos tener presente que la música, aunque para algunos sea un hobby, requiere de esfuerzo, es exactamente lo mismo que sucede con los deportistas; si no entrenan con constancia,  poco o nada podrán hacer el día de la competición.
Tocar un instrumento es una habilidad y como toda habilidad,  se aprende… ¿cómo se logra?: repitiendo  mil veces las mismas notas de ese compás que nos resulta difícil hasta que nuestros dedos se deslicen seguros y descubran la maravilla de hacer música con el corazón: solo así podremos entrar al alma de la partitura  y ser felices.
No importa cual será el destino de sus hijos, probablemente  muy pocos decidirán volverse músicos profesionales, eso es irrelevante. Lo realmente esencial es comprender que a través del estudio de la música los estamos educando para la vida en la disciplina, la constancia, el compromiso  y el amor por lo que hacen.

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