jueves, 29 de agosto de 2013

En diciembre de 2012 publiqué mi libro "LA VANIDOSA Y EL POETA" de la serie Cuentos del Jardín. El libro pueden encontrarlo en: autoreseditores.com, en esta página de forma ágil y sencilla pueden adquirirlo siguiendo unos sencillos pasos, después de hacer click, el libro le llegará a la puerta de su casa en el transcurso de una semana. Aquí les dejo un fragmento. Un abrazo a todos y disfrútenlo.



“La Vanidosa y el Poeta”

-¿A quién se le ocurre que un cangrejo pueda vivir en lo alto de un árbol como un pájaro más del monte? ¿Señora, no se estará usted burlando de mí?
- No me burlo de nadie. Digo que si puedes vivir en lo alto de un árbol, ¿cómo vas a pasarte la vida bajo tierra?

El cangrejo volador, Onelio Jorge Cardoso (Calabazar de Sagua, 1914 - La Habana, 1986).


I. LA VANIDOSA
Tinatitina era una coqueta redomada. Todas las mañanas en cuanto salía el sol, apartaba las hojas con que se cubría en las noches, se estiraba cuan larga era y se iba derecho a tomar un baño de rocío. Sacudía las campanillas moradas y amarillas del jardín y miles de goticas caían sobre su cuerpo como una ducha refrescante. Adoraba el agua perfumada que se acumulaba en las flores y se acicalaba las alas con ella hasta que sus colores se veían brillantes, luego se rizaba las antenas. Terminado ese ritual, se desayunaba con la más rica miel y salía a visitar a sus amigas para enterarse de las últimas noticias.
Tinatitina no solo era una mariposa bonita y chic, sino que además, tenía la suerte de vivir en el jardín mejor cuidado de la toda la región. En cada rincón de aquella especie de paraíso, crecían sofisticadas flores que habían sido escogidas y sembradas por Tomás; el apuesto jardinero que vivía solo para cuidarlas. Un verde césped crecía por doquier, románticas bancas y estatuas adornaban el espacio: aquel era el lugar ideal para cualquier enamorado.
Pero entre tanta perfección había un pequeño problema: Tinatitina era tan vanidosa y exigente, que a pesar de su belleza y glamour, no tenía novio. Todos los pretendientes le parecían poca cosa, ninguno, según ella, alcazaba a llegarle a los tobillos. Contemplaba su imagen reflejada en las cristalinas aguas del río y se extasiaba con la elegancia de su vuelo, con su cintura delgada, con sus enormes ojos negros y siempre terminaba diciendo lo mismo:
—¡No, definitivamente no veo a nadie en este jardín que pueda merecerme!

A la mariposa vanidosa, le parecía feo lo natural, lo sencillo. Solo la complacía la perfección absoluta, la belleza en su máximo esplendor, las comodidades, las caras bonitas. No era capaz de posarse en una flor silvestre porque comenzaba a estornudar, prefería las rosas, los claveles, las azucenas. Cuando sus amigas la invitaban a tomar el té de pétalos de jazmín que tanto le gustaba, Tinatitina les decía:

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